El atardecer

Siempre es conmovedor el ocaso
por indigente o charro que sea,
pero más conmovedor todavía
es aquel brillo desesperado y final
que herrumbra la llanura
cuando el sol último se ha hundido.
Nos duele sostener esa luz tirante y distinta,
esa alucinación que impone al espacio
el unánime miedo de la sombra
y que cesa de golpe
cuando notamos su falsía,
como cesan los sueños
cuando sabemos que soñamos.
(Jorge Luis Borges)


Atardecer.

El diccionario lo define como “Empezar a caer la tarde”. Yo lo consideré siempre como un momento mágico, como el fin de una jornada y el comienzo de una nueva noche, esa que trae consigo la promesa de un mañana.

Simplemente sentarse por unos minutos y contemplar el ocaso es algo que, en lo particular, me emociona, me conmueve.

A lo largo de mis viajes he intentado dedicar unos momentos donde quiera que estuviese, ya sea en mega ciudades, en campos de llanuras tan extensas que se pierden en el horizonte, entre los cerros, o viendo el mar desde la costa, para apreciar, sentir y disfrutar de este momento. Es un instante en el que todos deberíamos aprovechar para respirar profundo, despejar la mente, olvidarnos unos segundos de las preocupaciones y disfrutar de este maravilloso regalo que nos da el firmamento.

Les dejo aquí una imagen del atardecer que me tocó vivir hoy. Iba caminando apurada,  con mil pensamientos y aún me quedaban algunas cuadras aún para llegar a mi destino. Me encontraba cruzando un puente que atraviesa la famosa Av. General Paz en mi querida ciudad de Buenos Aires cuando, de repente, giré mi mirada hacia la izquierda y ahí estaba, esa hermosa paleta de colores que definen el ocaso.

Frené mi paso, respiré, contemplé y agradecí.

 

El atardecer

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