Huacalera, donde cruza el trópico 

Quien tenga la fortuna de recorrer el noroeste argentino no dejará de asombrarse por su belleza y enormidad. En la provincia de Jujuy, por ejemplo, podrá visitar la preciosa Quebrada de Humahuaca. Esta fue declarada en el año 2003 Patrimonio de la Humanidad por UNESCO.

La RN9 (Ruta nacional número 9) cruza por un pequeño pueblo de esta región llamado Huacalera.

Huacalera, donde cruza el trópico 

Desde ella, y atravesando dicho pueblo, se puede divisar una especie de pirámide de considerable tamaño que llama mucho la atención. Hay quienes continúan su camino ansiosos por descubrir más paisajes y hay quienes, movidos por la curiosidad, no dudan en hacer una parada para investigar y estirar un poco las piernas. Al acercarse, uno encuentra una roca en la que se encuentra tallada la inscripción Trópico de Capricornio, lo que indica que se está parado exactamente en el paralelo 23° 27´30″ latitud sur: es decir, que de ese punto geográfico específico hacia el Norte se extiende la llamada zona tropical que termina en el paralelo conocido como Trópico de Cáncer. La importancia de señalar este punto en el mapa radica en colaborar a una mejor precisión a la hora de marcar distancias, divisiones cartográficas y medidas geográficas dentro del país.

Huacalera, donde cruza el trópico 

Detrás de este monolito yace la «pirámide» que tanto llama la atención desde la ruta y que no es más que un gran reloj solar (una maravilla de la astronomía para quienes venimos de la ciudad donde estas cosas no se ven habitualmente y donde pensar en un reloj nos lleva inmediatamente a girar la muñeca) que en el solsticio de verano, esto es al mediodía de cada 21 de diciembre, no proyecta sombra alguna y, por el contrario, al mediodía de cada 21 de junio proyecta su más extensa sombra del año.

Huacalera, donde cruza el trópico 

Este espacio es de gran valor cultural ya que la noche de cada 20 de junio se celebra aquí la festividad milenaria Inti Raymi (Fiesta del sol) donde se congregan las comunidades locales y, acompañadas de fogatas, danzas, música y comidas típicas, esperan el amanecer del Tata Inti (Padre Sol). De este modo, con el solsticio de invierno, se le da inicio al nuevo año solar y al ciclo agrícola de la zona.

Tras haber disfrutado y conocido un poco más sobre el lugar, aunque no sin antes sacar un par de fotos, uno puede volver a emprender su viaje para seguir disfrutando de ese enorme paisaje.

Su silencio invita a escucharse y disfrutar de esa región tan cálida como la gente que la habita.

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