Mágica India

India es un país impresionante, cargado de historia y con una cultura milenaria. Realmente no me alcanzarían jamas las palabras para describirlo. Es uno de esos lugares que hay que vivir y sentir en propia piel para poder comprenderlo y disfrutarlo. Ansiaba pisar su tierra desde hacía ya algunos años, luego de haberme sumergido por horas en libros como El sari rojo o Pasión India de Javier Moro y en atrapantes obras cinematográficas como Gandhi, Quién quiere ser millonario, El exótico hotel Marigold y La vida de Pi, entre otras.

Fue así que apenas recibí la propuesta de una amiga para viajar a este destino no lo dudé ni un segundo, hacia allí iría a cumplir el sueño de ser parte, ahora personalmente, de todo lo que había imaginado y añorado tantas veces en mis tardes de lectura, documentales y películas.

A pesar de comentarios como: ¿A qué vas a ir? ¿Para ver pobreza? o ¡Está lleno de ratas la India! (como si en Buenos Aires no existieran), mis ansias no aminoraron, de hecho más se aceraba la fecha de viaje y más me iba empapando con información sobre puntos de interés, buscando consejos y estudiando mapas y  rutas.

Esta investigación nos ayudó a seleccionar los sitios que conoceríamos durante nuestra estadía. Decidimos viajar contratando un tour privado local. Esto por un lado podríamos aprovechar mejor el tiempo y sería más fácil negociar las paradas en el recorrido, y por otro, tendríamos siempre un guía a quién preguntarle todas nuestras inquietudes. Sin contar además con que el precio se ajustaba bastante bien con nuestro bolsillo. El itinerario elegido incluía un circuito terrestre por las tres localidades que conforman el conocido Triángulo de Oro: Nueva Delhi, Jaipur y Agra, para luego tomar un avión hacia la mítica Varanasi.

Una vez finalizados los trámites de la VISA (obligatoria para argentinos) y ya colocada la vacuna de la fiebre amarilla (también obligatoria para argentinos), con pasajes en mano y pasaportes listos sólo quedaba aguardar la fecha para comenzar esta mágica aventura.

Nueva Delhi

La primera ciudad en nuestro trayecto fue Nueva Delhi. Aquí visitamos el Qutub Minar,(minarete de ladrillo más alto del mundo construido en el año 1199), el mausoleo de Humayun (donde está la tumba principal del emperador Humayun), la puerta de India, el templo Lakshminarayan (dedicado a la diosa Laxmi, diosa de la prosperidad) y la zona residencial, en la cual se encuentran el palacio presidencial, el Parlamento y otros edificios gubernamentales. Por la tarde, nos adentramos en la Vieja Delhi, con su desorden de motos, autos y bicicletas presente en todo momento, sobretodo en la zona del bazar Chandni Chowk.

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También fuimos a Raj Ghat (el edificio en memoria a Gandhi, donde este fuera incinerado), Jama Masjid (impresionante mezquita de mediados de siglo XVII) y el Fuerte Rojo.

 

Jaipur

Nuestro próximo destino fue Jaipur, capital del estado de Rajastán. Aquí conocimos al famoso fuerte Amber. El fuerte, además de brindar espectaculares vistas, posee bellísimos patios y salones. Entre ellos se destaca la Galería de los espejos. Visitamos además el observatorio Jantar Mantar que data de 1728 y el Hawa Mahal, popularmente llamado Palacio de los vientos.

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Agra

La siguiente parada era una de las más esperadas, Agra. En el camino pasamos por Abhaneri y Fatehpur Sikri y admiramos su legado cultural y su riquísimo patrimonio arqueológico. Los dos son lugares imperdibles. Una vez que arribamos al hotel nos dispusimos a descansar ya que el día siguiente iba a estar repleto de emociones.

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Todavía era de noche cuando nos levantamos, pero el entusiasmo le ganaba a las pocas horas de sueño que llevábamos. Por fin había llegado el día y el momento de conocer el  anhelado Taj Mahal, una de las siete maravillas modernas del mundo. Con su radiante blancura, la simplicidad de su arquitectura, el armónico equilibrio y las exactas proporciones de su estructura, este mausoleo resultó ser aún más impresionante de lo que esperaba. El impacto fue inmediato, todo el complejo edilicio es una magnífica obra de arte.

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Posteriormente visitamos el fuerte de Agra, también llamado Lal Qila o fuerte Rojo de Agra. Desde sus jardines, salones de audiencias públicas y privadas,  pueden obtenerse espectaculares vistas.

Varanasi

El cuarto y último destino en India fue Varanasi, gran centro espiritual y de peregrinación de quienes asisten a bañarse en las aguas sargradas del río Ganges. Como arribamos por la tarde aprovechamos para recorrer un poco la zona y presenciar la ceremonia de Aarti sobre en el ghat Dasaashwamedh. Esta es llevada a cabo en cada puesta de sol por sacerdotes vestidos de blanco que con movimientos coreografiados adoran a la diosa del río con incienso, flores y lámparas de barro.

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La madrugada siguiente nos aventuramos en un pequeño barco por el místico río Ganges. Aquí pudimos ver personas bañándose desde muy temprano para ofrecer sus oraciones al sol naciente. Pasamos por los dos ghats crematorios de Manikarnika y de Harishchandra, donde las piras funerarias arden constantemente.

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Ya en tierra nuevamente continuamos nuestro paseo yendo al templo de Bharat Mata. Este nos sorprende con un mapa de de la India hecho en mármol de impresionantes dimensiones. Luego de almorzar nos dirigimos a Sarnath, uno de los cuatro lugares sagrados de peregrinación para los budistas y en el cual Buda pronunció su primer sermón.

Los días en India pasaron rapidísimo y tocaba despedirse. Quedaron pendientes Calcuta, Bombay y Goa entre otras ciudades a las que que espero poder viajar en el futuro.

Clima

Si bien se recomienda ir a India entre los meses de diciembre y marzo, la temporada más seca y de menos calor, viajamos en mayo y resultó también ser una buena época. Afortunadamente el sol nos acompañó todos los días. Por la noche refrescaba y permitía un buen descanso para comenzar con las pilas recargadas al día siguiente.

Ante las altas temperaturas es importante tomar mucha agua para mantenerse siempre hidratado. Nos recomendaron que tomáramos siempre agua embotellada, incluso que la usáramos hasta para lavarnos los dientes. Lamentablemente la bromatología y salubridad en las comidas y bebidas muchas veces no es la mejor en este país. Y si bien puede que no pase nada, muchas veces es mejor prevenir que curar.

Hoteles

En cuanto a los hoteles nos alojamos en muy lindos establecimientos. Todos tenían una pileta salvadora que nos refrescaba al regresar del paseo del día. Ayudaba no sólo a recuperar energías si no a hacer una pausa que permitiera pensar, aceptar, canalizar y tratar de asimilar lo que habíamos visto ese día.

 

Dicen que India es de esos sitios que amas u odias. Tengo que admitir que a pesar de su calor, sus olores y sus ruidos, la amé profundamente. La amé por que ser tan singular, interesante y diferente y sobretodo por ayudarme a reflexionar sobre un montón de cosas. Situaciones como encontrarte frente a frente con una vaca en un callejón o verlas paseando por las rutas son experiencias que te regala sólo este lugar. La amabilidad, la curiosidad y sobretodo la humildad de la gente me estremeció al extremo. Creo que India es un país donde todos deberíamos ir en algún momento de nuestras vidas. Es un país que invita a la meditación, a la introspección y a la búsqueda de la paz interior. Gracias India por regalarme estos días tan especiales y llenos de emociones y sentimientos. Namasté.

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