México, lindo y querido

El avión estaba por aterrizar en Ciudad de México y mi alma se emocionaba mientras en mi cabeza sonaba Cielito lindo, Amor a la mexicana, México en la piel, y todo lo que fuese rancheras, boleros y mariachis. Las ansias por conocer este país habían surgido desde hace tantos años que desconozco el momento exacto. Sí puedo afirmar cuáles fueron los motivos, una riquísima historia y una cultura tan arraigada a sus habitantes que perdura a pesar del paso de los años. Eso sin contar con la belleza arquitectónica de sus pintorescas ciudades y de la magnificencia de sus paisajes naturales, que van desde paradisíacas playas a gigantescos cerros nevados.

Mi primer destino fue la colosal Ciudad de México, lugar ideal para perderse en sus calles y adentrarse en la vida diaria y costumbres de su gente, teniendo en cuenta que estamos refiriéndonos a una de las ciudades de mayor densidad poblacional del mundo.

La capital mexicana nos recibió con una enorme luna de testigo y algunas estrellas un tanto opacadas por las luces de la ciudad. Lo primero que nos dijo el taxista al subir fue: -No deberían haber llegado de noche, es muy inseguro. Un montón de imágenes y posibles situaciones de peligro pasaron por mi mente en un microsegundo. Sin embargo, ni el tono amenazante del conductor, ni todo lo que que se dice, escucha y lee, nos impediría conocer, recorrer y disfrutar este mágico e histórico sitio.

La visita debe incluir de modo casi obligatorio el hecho de caminar, fotografiar y vivir la Plaza de la Constitución, más conocida por todos como el Zócalo. Este inmenso espacio y punto neurálgico está ubicado en el corazón del centro histórico, y posee una superficie de casi 46.800 m². A través de los años, ha sido testigo de la más variada gama de sucesos históricos, movimientos culturales, manifestaciones sociales, celebraciones, eventos deportivos y de entretenimiento. En el año 1987 la plaza, junto con todo el casco histórico, fueron nombradas Patrimonio de la Humanidad por UNESCO.

Frente a la misma encontramos la Catedral a Metropolitana de la Ciudad de México. Con una construcción que tardó casi 250 años, la misma despliega una amplia paleta de ejemplos arquitectónicos tanto en su exterior, como en los ornamentos y mobiliarios de su interior, pudiendo contemplar la presencia del estilo gótico, barroco y neo-clásico, entre otros.

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Desde el zócalo también podemos apreciar el Palacio Nacional, actual sede del poder ejecutivo, y la que fue la segunda casa de Hernán Cortés en 1522. Dentro del mismo existe un gran patrimonio artístico, con murales del excepcional Diego Rivera.

Otros edificios que la bordean son el Antiguo Palacio del Ayuntamiento, y distintos locales comerciales, restaurantes y hoteles.

En diagonal a la plaza y a un lado de la Catedral, se extiende la Zona Arqueológica del Templo Mayor, las ruinas de lo que fueron los inicios de México y el impresionante museo que posee esculturas y reliquias de Tenochtitlán.

A unas cuadras del zócalo, recorriendo la hermosa peatonal Av. Francisco Madero, podemos ver el Museo del Estanquillo con su preciosa fachada, la famosa casa de los azulejos y el edificio Torre Latino, impresionante rascacielos desde donde se obtienen fantásticas panorámicas de la ciudad. El mismo alberga también el Museo del Bicentenario, el Museo de la Torre y la ciudad, una cafetería y una tienda de recuerdos.

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México, lindo y querido

Finalizando la calle peatonal se nos presenta al magnífico Palacio de Bellas Artes. Inaugurado en 1938, fue el primer museo de arte en México. Además de 17 impresionantes murales de reconocidos artistas, el edificio posee cuatro pisos en los que hay exposiciones permanentes y temporales.

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Contiguo al mismo, se halla el parque más antiguo de la ciudad, la Alameda Central. Data de 1592, Si.. 1592! y es ideal para pasear y rodearse un poco de verde en la inmensidad de la ciudad.

Atravesando la Alameda Central llegamos al Paseo de la Reforma, la avenida más importante de la metrópoli y una de las más encantadoras de mundo. Creada por orden del emperador Maximilano, e inspirada en los Campos Eliseos parisinos, esta línea recta sin horizonte es uno de esos caminos en que no dejamos de mirar hacia todos lados, como no queriendo perdernos nada, porque hacia donde dirijamos la vista tendremos algo interesante para observar.

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México, lindo y querido

Entre ellos, se alza solitario e imponente el Ángel de la Independencia. El mismo fue inaugurado en 1910 en conmemoración del centenario de la independencia, y es al día de hoy, además de un ícono de la ciudad, el punto de encuentro para festejos.

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Si nos alejamos un poco de la gran urbe y nos dirigimos unos 50 km al noreste llegaremos a Teotihuacán, un sitio que nos regala una conexión directa con el pasado, y donde la historia se despliega y se nos entrega casi en bandeja.

Esta ciudad prehispánica fue diseñada en forma de cuadricula con dos grandes avenidas, destacándose la famosa calle de los muertos. Su época de esplendor fue entre los siglos II y VII, cayendo la misma en el siglo VII. Se estima que por razones medioambientales o problemas de organización social. Si visitan esta zona arqueológicas prepárense para subir las pirámides del sol y de la luna con sus cientos de escalones, esfuerzo que es recompensado con magníficas vistas.

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México es sin duda un país muy religioso y es Nuestra Señora de Guadalupe su patrona y máxima representante. Fue cerca de aquí donde la Virgen eligió presentarse ante el Santo Juan Diego Cuauhtlatoatzin. En su primera aparición, el 9 de diciembre de 1531, María le encargó a Juan Diego que le pidiese al obispo la construcción aquí de un santuario. Ante la incredulidad del obispo, y luego de varias apariciones donde María le señala que insista, le solicita al santo que suba el cerro donde siempre se encontraban y que recoja unas flores para ella. Cuando esto sucede, le dice que las envuelva en una manta y se las lleve al obispo. Al momento que Juan Diego despliega la manta frente a éste, aparece en la misma la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, y el obispo, maravillado por el milagro, manda a construir el templo.

Actualmente 27 millones de feligreses visitan el recinto cada año. Se destacan la antigua Basílica (conocida hoy como Cristo Rey) y la moderna, que data de 1974 .
En lo alto del cerro se encuentra la Capilla del Cerrito, levantada en el lugar donde fue la aparición de la Virgen.

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Otro interesante paseo para hacer en Ciudad de México es visitar Coyoacán. Aquí están emplazadas las sedes de la Universidad Nacional Autónoma de México, la mas grande del mundo, y la Universidad Autónoma Metropolitana.

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También podemos disfrutar del museo Frida Kahlo o “La Casa Azul”, donde vivió Frida en sus primeros años de juventud y luego con su esposo Diego Rivera, años antes de fallecer. A través de una alta puerta de madera entramos al mundo mágico de esta gran artista. Podemos ver los diferentes cuartos de la casa, entre ellos el comedor donde recibían a las visitas y las habitaciones de Frida y de Diego. Además nos vislumbra un hermoso patio con un frondoso verde donde nos sorprenden dos fuentes y una pirámide.

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Sin duda alguna la oferta de atractivos de la Ciudad de México es interminable. Me llevo de esta preciosa capital el encanto de su gente, lo delicioso de su comida (aunque no me animé al picante) y la belleza que produce la combinación perfecta entre el barroco en sus casas, palacios y monumentos históricos y la inmensidad de altos y modernos edificios quebrando cualquier tipo de llanura urbanística.

Cuna de grandes civilizaciones prehispánicas y una de las ciudades mas importantes del mundo actual, aquí se respira pasado, presente y futuro al mismo tiempo. Es tan gigante en su presencia como humilde en el corazón de sus habitantes. México me inspira, me alienta y me envuelve entre sombreros de lentejuelas, peleadores de lucha libre, mariachis, tekila, y ganas de gritar…

¡¡VIVA MÉXICO CABRONES!!

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