Mi historia con la nieve

Antes de comenzar este relato quiero hacer una pequeña confesión. A lo largo de mis jóvenes 33 años he tenido la fortuna de conocer lugares espectaculares. Así es que me vi caminando por la Gran Muralla China, contemplando en majestuoso Taj Mahal, andando en tuc tuc por Tailandia, comiendo el tradicional cous cous en Marruecos y relajándome el las paradisíacas playas del Caribe. De hecho, actualmente me queda sólo una de las Maravillas Modernas del Mundo para completar las siete. Esto me llena de felicidad.  Sin embargo, me falta apreciar de uno de los fenómenos más hermosos de la naturaleza: la nieve. Ese mágico acontecimiento que tiñe los paisajes de blanco radiante.

Por este motivo decidí dejar por escrito mis experiencias con la nieve hasta el momento. Para así registrar el inicio de una historia, el inicio de un sueño, que seguramente algún día se hará realidad.

Nevada en Córdoba

Lo más cercano que he estado de estos pequeños cristales de hielo fue en el año 2007, más precisamente un 9 de julio, cuando cayó una pequeña nevada en mi ciudad natal, mi querida Córdoba. Ese día la temperatura fue de 5 grados bajo cero y en algunas zonas la acumulación de nieve se aproximó a los 10 centímetros. La realidad es que en mi casa no llegó siquiera a los 10 milímetros. A pesar de esto, nada nos impidió salir al patio a festejar y ver de cerca este fenómeno. Hasta el perro se animó a disfrutarla.

Córdoba no es una ciudad donde nieve con frecuencia. De hecho, la última vez que había nevado en la capital cordobesa fue un 23 de agosto de 1984. Para aquel momento yo estaba en la panza de mi mamá, a un par de semanas de nacer.

Mi historia con la nieve
Toti jugando con la nieve

Nevada en Ushuaia

Años más tarde, en el 2013, tenía otra oportunidad: un viaje a Ushuaia me regalaba la chance de una revancha. Finalmente, ¿caminaría sobre la nieve? Viajaba a la ciudad más austral de Argentina, también conocida como la Ciudad del fin del mundo y corría el mes de mayo, era una buena combinación. Si bien no era invierno aún, había leído que se esperaban temperaturas muy bajas. A pesar de no ser amiga del frío, estaba muy entusiasmada con este viaje, no sólo por conocer un lugar bellísimo como Ushuaia, sino porque había posibilidades de pisar ese suelo que parece tan blanco y diferente.

Pasaron los días y si bien el frío se hizo notar bastante, de la nieve… ni rastros.

Así es que, en esa madrugada de lunes, mientras iba en camino al aeropuerto, pensaba en que quizás debería haberme quedado uno o dos días más. Fue a minutos de subir al avión cuando, de repente, sucedió la magia. Como aún era de noche no se distinguía muy bien, pero pude divisar unos pequeños copitos caer. Lo que sí se veía a la perfección era mi cara reflejada en la ventana y mis ojos llenos de emoción. Finalmente, cuando aterrizamos en Buenos Aires y prendí mi celular, las redes sociales lo anunciaban: acababa de caer la primer gran nevada del año en Ushuaia. Definitivamente, debería haberme quedado unos días más.

Mi historia con la nieve
Despidiéndome de Ushuaia

En conclusión, nos debemos un verdadero encuentro con este regalo de la naturaleza conocido como nieve. ¿Será la tercera la vencida? Eso lo dirá el futuro. Por el momento disfruto de verla en películas navideñas o en las noticias del clima de mi querida Patagonia argentina.

3 comentarios sobre “Mi historia con la nieve

    1. Gracias!! También para vos!! La idea del blog es compartir esas sensaciones y motivar a viajar asique me pone muy contenta tu comentario! Muchas gracias!!

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.