Venecia, crónica de un amor no correspondido

Cuando arribé a Venecia estaba cansada, venía de recorrer todo el norte de Italia en poquísimo tiempo. Ya había paseado por las elegantes calles de Milán, visitado el famoso puerto de Génova, conocido de la romántica Florencia, caminado por las calles de la histórica ciudad de Roma y me había enamorado de la pintoresca Perugia. Cuando llegó al fin el momento de conocer Venecia mis pies me pesaban de tanto caminar y mi capacidad de asombro ya no era la misma que en los primeros días.

Por otro lado, Venecia me esperaba radiante. Se preparó para mi llegada de la mejor manera. Unos días atrás había pasado por tormentas y el caudal de sus ríos había subido, se encontraba inundada y sucia. Pero para este entonces eso ya había cambiado, ahora estaba perfecta. Tenía puesto su mejor vestido y el sol brillaba con sus más resplandecientes rayos.

Apenas inspiré aire veneciano el calor me golpeó en la cara como un guante de boxeo y mis abrigos fueron apilándose uno sobre otro. No dormía bien hace días, por lo que decidí ir directamente a descansar y refrescarme, recargar pilas. Mañana seguramente sería una mejor jornada.

Venecia por otro lado, me esperó impaciente esa tarde y se entristeció al no verme. Cuando la luna salió y las estrellas estuvieron más luminosas que nunca, se recostó y durmió esperanzada. Mañana seguramente sería una mejor jornada.

Llegó el día

Desperté al día siguiente aún más cansada que el anterior. El hotel donde me hospedaba era digno escenario de una película de terror. Y, por más que lo intenté, nada pude hacer, cerrar los ojos y dormir plácidamente fue casi imposible. Luego de desayunar, tomé un barco y me aventuré por fin en la búsqueda de mi Venecia soñada. La ansiedad que me generaba ese momento era estremecedora porque había esperado esto desde hacía muchos años, tantos que ni recordaba cuántos. Cuando la silueta de sus cúpulas y edificaciones comenzó a divisarse a lo lejos, me embargó una profunda emoción, finalmente había llegado.

Venecia me vio venir a lo lejos, en una pequeña embarcación. ¿Será ella? Pues yo creo que si. También se contentó. Sabía de mis deseos de conocerla, se alegraba de ayudar a la gente a cumplir sus sueños y hacerlos felices al menos las horas en la que la visitaban.

Las horas en Venecia

Apenas bajé del barco me impactó la abrumadora cantidad de gente que me rodeaba. Intenté, con algunos problemas, pisar tierra firme y finalmente lo logré. Había llegado y una sonrisa se dibujaba en mi rostro mientras me disponía a disfrutar plenamente de este día tan prometedor.

En mi entusiasmo quise tomar miles de fotografías para después mostrarle a amigos y familiares las bellezas del lugar y su fascinante arquitectura. En todas salían una, dos, treinta o más personas interponiéndose en el frente, arruinándolo todo. La frustración dio un pequeño paso en mi corazón y mi sonrisa comenzó a borrarse lentamente. Pero estaba en Venecia, no iba a permitir que esos sentimientos se adueñaran de mi. Desistí de la fotografía y decidí entregarme a la experiencia de caminar tranquilamente por sus calles, recorrer la plaza principal, admirar la Basílica, era imposible. A cada paso que daba sentía un empujón o un pisotón mientras tenía que prestar atención de no arruinar fotografías de otros turistas o analizar cómo atravesar las largas filas de las tiendas de recuerdos. En cada sitio turístico intentaba ver algo de entre medio de las cabezas de otras personas y cuando iba desde un lugar hacia otro era casi un fastidio tener que evadir vendedores insistentes. Mientras tanto, el calor agobiante volvía a hacerse sentir.

Venecia me encontró de repente refugiándome en unas callecitas más alejadas, lejos de la multitud, buscando ese silencio y ese encanto que tanto soñé y que de tan lejos vine a conocer. Se sintió un poco triste porque aquí las casas dejaban ver su humedad, su falta de cuidado y no eran tan glamorosas como los palacetes que mostraba en los folletos turísticos. El agua tampoco olía tan bien como en los grandes canales. La frustración también dejó aquí su huella.

Se fue el día

Las horas transcurrieron demasiado rápido, el cielo se tiñó de un rosado furioso y el sol, luego de un saludo cálido y veraniego, se despidió a descansar. Con esto se daba por concluido el día, un día en el que las dos habíamos terminado exhaustas. Yo buscando desesperadamente un motivo para enamorarme de Venecia, Venecia buscando desesperadamente la manera de enamorarme en un día.

La mañana siguiente tuve que marcharme a mi tierra natal, lejos de Venecia. Me esperaban aeropuertos, conexiones y varias horas de vuelo. Venecia se quedó allí, intacta.

Tal vez las vueltas de la vida vuelvan a juntar nuestros caminos, no lo sé. Para ese momento, yo quizás habré aprendido que los destinos son lo que son y no lo que uno quiere que sean. Sabré que idealizar un lugar, una experiencia o una historia sirve sólo para crear una falsa ilusión. La misma que puede traer aparejada una gran decepción. Venecia seguramente siga allí, recibiendo día a día gente que llega y se va, viendo sus caras sonreír, disfrutando con ellas. Seguirá allí, tal vez esperando a quien, hubo un día, le brindó su amor, un amor que no fue correspondido.

 

17 comentarios sobre “Venecia, crónica de un amor no correspondido

  1. Este verano he estado en Italia y entiendo que es horrible… somos muchos turistas queriendo ver cosas… que historia tan triste.
    Venecia me parece bonita …. espero que en un futuro tengas la posibilidad de darle una segunda oportunidad 😊😊😊 un saludo.

    1. Hola!!! Si, el turismo masivo puede causar estas cosas. Espero tener posibilidad de volver y verla de otra manera. Gracias por tu comentario, un saludo muy grande!!

  2. Me gustó mucho el tono lírico de tu relato de Venecia y ese amor medio frustrado que merece una segunda ocasión y con mejor alojamiento. Muy bello, Ana. Mi segunda experiencia fue tan grata o más que la primera, pues la realicé en compañía de mis tres hijas y mi mujer. No te descubrirá nada nuevo, pero te dejo el enlace por si tienes un poco de tiempo y curiosidad:

    https://viajarporlosmundos.wordpress.com/2018/07/16/venecia/

    Abrazo y salud.

  3. Me ocurrió algo similar cuando estuve por Milán. Me encantó el domo. Pero a la hora de intentar tomarme una foto, cuánta gente ¡Qué frustración! ¡Lo peor fue que después de varios intentos se me acabó la batería del celular!

    Lamentablemente, en Milán no hubo nada más que me encante como lo hizo este edificio.

    De todas formas, sé que volveré a Milán a observar lo que me gustó, y fotografiar -con una mejor cámara- lo que no llegué a capturar.

    Saludos

  4. Sin duda una segunda oportunidad! Yo fui en Marzo y no había mucha gente, justamente porque muchos turistas se acercan en el carnaval de Febrero. Si bien en Marzo hace frío, tampoco es algo insoportable! Tenes que volver!!

  5. Los destinos son lo que son es cierto. Hermosa la nota y hermoso que puedas ser sincera con tus lectores. Porque los destinos ponen en juego muchas emociones en uno…..

  6. Si hay algo por lo que Venecia no nos llama la atención es justamente por lo que tú explicas en el post: tanta gente, tanto souvenir… Es de esos lugares a los que iría, pero sin demasiado entusiasmo.

    Tal vez, dentro de unos años, el furor veneciano haya pasado y esta ciudad sea otra.

    Saludos

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